sábado, 27 de mayo de 2017

Leyenda de la flor Pasionaria.


Foto de Karras
Mburukujá era una hermosa doncella española que había llegado a las tierras de los Guaraníes acompañando a su padre, un capitán del ejercito de la Corona. Mburukujá no era su nombre cristiano, sino el tierno apodo que le había dado un aborigen guaraní a quien ella amaba en secreto y con el que se encontraba a escondidas, ya que su padre jamás habría aprobado tal relación. En realidad, su padre ya había decidido que ella desposara a un capitán a quién el creía digno de obtener la mano de su única hija.

Cuando le revelaron los planes de matrimonio, la joven suplicó que no la condenaran a consumirse junto a un hombre a quien no amaba, pero sus ruegos solamente lograron encender la cólera de su padre. La doncella lloró desconsolada, tratando de conmover el inflexible corazón de su padre, pero el viejo capitán no sólo confirmó su decisión sino que además le informó que debería permanecer confinada en la casa hasta que se celebrara boda.

Foto de Karras
Mburukujá debió contentarse con ver a su amado desde la ventana de su habitación, ya que no estaba autorizada a salir a los jardines por la noche y difícilmente lograba burlar la vigilancia paterna. Sin embargo, envió a una criada de su confianza para que lo informara sobre su triste futuro. El joven indio no se resignó a perder a su amada, y todas las noches se acercaba a la casa intentando verla. Durante horas vigilaba el lugar, y sólo cuando se percataba de que los primeros rayos del sol podían delatar su posición se retiraba con su corazón triste, aunque no sin antes tocar una melancólica melodía en su flauta.

Mburukujá no podía verlo, pero esos sonidos llegaban hasta sus oídos y la llenaban de alegría, ya que confirmaban que el amor entre ambos seguía tan vivo como siempre. Pero una mañana ya no fue arrullada por los agudos sones de la flauta. En vano esperó noche tras noche la vuelta de su amado. Imaginó que el joven indio podría estar herido en la selva, o que tal vez había sido víctima de alguna fiera, pero no se resignaba a creer que hubiese olvidado su amor por ella.

Foto de Karras
La dulce niña se sumió en la tristeza. Su piel, otrora blanca y brillante como las primeras nieves, se volvió gris y opaca, y sus ojos ya no destellaron con hermosos brillos violáceos. Sus rojos labios, que antes solían sonreír, se cerraron en una triste mueca para que nadie pudiera enterarse de su pena de amor. Sin embargo, permaneció sentada frente a su ventana, soñando con ver aparecer algún día a su amante. Luego de varios días vio entre los matorrales cercanos la figura de una vieja india. Era la madre de su enamorado, quien acercándose a la ventana le contó que el joven había sido asesinado por el capitán, quien había descubierto el oculto romance de su hija. Mburukujá pareció recobrar sus fuerzas, y escapándose por la ventana siguió a la anciana hasta el lugar donde reposaba el cuerpo de su amado.

Enloquecida por el dolor cavó una fosa con sus propias manos, y luego de depositar en ella el cuerpo de su amado confesó a la vieja india que terminaría con su propia vida ya que había perdido lo único que la ataba a este mundo. Tomó una de las flechas de su amado, y luego de pedirle a la mujer que una vez que todo estuviera consumado cubriera sus tumbas y los dejara descansar eternamente juntos, la clavó en medio de su pecho. Mburukujá se desplomó junto al cuerpo de aquel que en vida había amado.

Foto de Karras
La anciana observó sorprendida como las plumas adheridas a la flecha comenzaban a transformarse en una extraña flor que brotaba del corazón de Mburukujá, pero cumplió con su promesa y cubrió la tumba de los jóvenes amantes. No pasó mucho tiempo antes de que los indios que recorrían la zona comenzaran a hablar de una extraña planta que nunca antes habían visto, y cuyas flores se cierran por la noche y se abren con los primeros rayos del sol, como si el nuevo día le diera vida, una flor que bautizaron como 'la pasionaria'

Nota: Los jesuitas, identificaron la flor del mburucuyá con los atributos de la pasión cristiana: la corona de espinas, los tres clavos, las cinco llagas y las cuerdas con que ataron al Jesús en el Calvario. Y en los rojos e irregulares frutos, los religiosos creyeron ver las gotas coaguladas de la sangre de Cristo. Esta flor tan singular, se cierra como si se marchitara al ponerse el sol, y se abre cobrando su brillo natural cuando amanece.


Autor: Desconocido.




sábado, 20 de mayo de 2017

Los Sueños y la Luna.


Cuenta una leyenda que una noche se fue la Luna de puntillas y no regreso. Acostumbrados a verla, los hombres nunca levantaban la cabeza para mirarla, y una de esas noches se fue, vestida de Luna Nueva, harta ya de bailar en los cielos para que nadie la viera. Cuando quisieron darse cuenta solo descubrieron entre las estrellas, enormes telarañas de ausencia.

Sin la Luna, se escondieron los duendes, y las ninfas se aletargaron en sus lagos, los lobos dejaron de aullar al viento y se quedaron solo en lobos, los hombres solo en hombres. Sin la Luna los sueños bostezaron largamente, y los niños se durmieron sin poder despertar, asustados de vivir sin la compañía de los sueños, en soledad.

Se convocaron cónclaves, concilios y conferencias. Enviaron a los mas intrépidos a buscarla entre altos mares y los mas fuertes levantaron hasta la ultima piedra por si se hubiera escondido debajo. Los mas sabios buscaron en los libros, y los viejos en todos y cada uno de sus recuerdos, pero la Luna no estaba por la labor de que la encontraran. Preguntaron a los ricos, a los pobres, a los reyes, incluso a los dioses preguntaron, pero la Luna nunca estaba allí donde la buscaban.

Pasaron los días, las semanas, luego los meses y los años. Los niños crecían dormidos y, ¡ ay ! no subían ya las sirenas a la playa para peinarse la larga melena de espuma y algas.

No había sonrisas ni algarabías en los patios, y los niños, echados en sus camas, sin la compañía de sus sueños, en soledad.

Cuenta la leyenda que los hombres incapaces de ver por mas tiempo el vacío que dejo en los cielos, prendieron del firmamento una Luna de cartón. Por eso ahora ya no hay ninfas ni sirenas, los lobos son siempre lobos y los hombres, hombres. Porque la Luna que hoy vemos, no es aquella que una noche se fue de puntillas, llevándose todos los sueños, harta ya de que nunca la vieran.  


Autor: Sonia.  




sábado, 13 de mayo de 2017

Dallol ( Puerta al Infierno )


Hola amigos, hoy os traigo un espectacular Salar, muy bonito debido a que es volcánico y por el azufre y mas cosillas se consigue este magnifico colorido como veréis, os hablo de Dallol, como he podido leer en algún sitio, "una de las puertas al infierno", espero que os guste:)


Hay algunos lugares de nuestro planeta que han sido apodados como “la puerta al Infierno”. En el norte de Etiopía se halla uno de ellos: Dallol, en la depresión de Danakil, una vasta extensión de paisaje apocalíptico absolutamente hostil para los seres humanos, y precisamente por este motivo, sumamente interesante para los viajeros más intrépidos.

El desierto del Danakil, está ubicado en el noreste de Etiopía, entre el mar Rojo y el Nilo Azul, situado en algunos puntos a más de 150 metros por debajo del nivel del mar, tiene formaciones únicas de sal que con el paso de los días van cambiando y que con los años han adquirido una gama de colores que jamás podrá borrarse de la memoria.

Así es el caso de Dallol, una singular montaña de sal con fuentes naturales de agua caliente de colores anarajandos, blancos o verdes debido al azufre y otros minerales que emiten los gases de los volcanes próximos como el Erta Ale, uno de los más activos de Etiopía, tiene la distinción de ser una de las zonas más bajas y más calientes del mundo.

Las temperaturas medias son de 38ºC grados, aunque esto no es lo peor. Lo que convierte en realmente a Dallol en un infierno son las fuentes termales de origen volcánico que emanan agua hirviendo mezclada con ácidos casi invisibles que envenenan el aire con gases tóxicos.

Más de 30 volcanes activos o durmientes se reparten entre Etiopía y Eritrea, en esta cuenca situada sobre una de las áreas tectónicas más activas de la Tierra, donde confluyen la placa africana con la indoaustraliana. Numerosas fuentes termales están descargando salmuera y líquidos ácidos en esta zona.

El término Dallol fue acuñado por los Afar y significa disolución o desintegración, describiendo un paisaje formado por estanques verdes y ácidos, óxido de hierro, azufre y llanuras de sal. La zona recuerda a las fuentes termales del parque de Yellowstone.

Dallol es un cráter volcánico o mar. Se formó por la intrusión de magma basáltico en los depósitos de sal del Mioceno y la actividad hidrotermal posterior. Las erupciones freáticas ocurrieron en 1926, formando el volcán Dallol, mientras que otros cráteres de erupción salpican los salares cercanos. Estos cráteres son los respiraderos volcánicos subaéreos más bajos del mundo, a 45 metros por debajo del nivel del mar.

En este desierto que amenaza un día con resquebrajarse y las aguas del mar Rojo con sepultarlo todo fueron hallados hace 30 años los restos del Australopithecus Afarensis, más conocido como “Lucy”, que data de más tres millones de años. Se trata de la especie más antigua conocida que es con gran certeza antecesora del hombre. Y es que como dijo Herodoto, “todo lo nuevo viene del desierto”.

Salmuera, ácidos de todo tipo y otros agentes tóxicos hacen de este lugar completamente inhabitable y hasta cierto punto peligroso, lo cual no impide que se organicen visitas turísticas guiadas. Una experiencia para valientes que no teman acercarse a sus lagos de lava, al implacable hedor del azufre y a los traicioneros géiseres que brotan por todas partes a altas temperaturas.

Y es que, dejando de lado todo esto, desde el punto de vista estético Dallol es una maravilla pintada de llamativos colores: naranja oxidado, formaciones de sal que van desde el blanco más puro hasta el amarillo y el verde.

Aunque ahora están deshabitadas, en Dallol se pueden observar aun los restos de pequeñas estructuras hechas de ladrillos de sal creadas por el pueblo Afar cuando fueron contratados por las
empresas mineras a lo largo del siglo XX que intentaron, sin éxito, extraer ricos minerales de este lugar.

Esta tierra inhóspita ha servido de hogar al pueblo Afar (Danakil) durante al menos dos mil años. Los hombres Afar eran bien conocidos por su ferocidad y su xenofobia hasta 1930. Hasta este año, ¡era costumbre el cortarles los testículos a los intrusos varones!

Tradicionalmente, los Afar eran pastores nómadas, y junto a los Tigreanos, siguen trabajando las barras de sal del lago situado en la Depresión de Dallol, y llevándolas con caravanas de camellos hacia Tigray, por antiguos senderos.

Este viaje de aventuras no está pensado ni para pusilánimes ni para aquellos que necesiten de cualquier tipo de lujo. El clima inexorable puede poner de los nervios a cualquiera que no esté preparado. Es un viaje exigente a una zona con muy poca infraestructura.

De hecho, Dallol es uno de los destinos menos accesibles del planeta. Muchas zonas están en mal estado y tienen los accesos cortados y la única manera de acceder es gracias a las caravanas de camellos.

A pesar de las duras condiciones, la Depresión Dallol es un lugar extraordinario para visitar, con unos paisajes espléndidos y una experiencia fantástica para el viajero aventurero.




Gracias a todos por llegar hasta aquí:)







sábado, 6 de mayo de 2017

Leyenda de las Siete Hermanas.


Cuenta la leyenda que hace muchos, muchos años venían por el camino de Santiago de paso para Galicia en romería, siete hermanas, pero al llegar a los Montes de León venían tan cansadas y extenuadas que decidieron pararse al lado de una fuente para descansar y lavar los pies a la más pequeña, que los traía lastimados del largo camino.

Mientras la hermana mayor curaba a la pequeña, las otras decidieron asomarse para ver el camino que les esperaba. Quedaron atónitas ante aquella visión, en contraposición a los páramos y sequedales que habían dejado atrás.

Tenían ante sí los paisajes más maravillosos que se pudieran soñar. Emocionadas se lanzaron al valle, corriendo y rodando, hasta que cuando se quisieron dar cuenta, estaban perdidas y ninguna veía a su compañera. Cuando la hermana mayor, la Guiadora, se dio cuenta, era ya tarde. Llamó a las otras, pero al no obtener respuesta decidió ir en su busca.

Dejó a la pequeña a la orilla de la fuente y se fue camino adelante llamando a sus hermanas, hasta que desesperada al no encontrarlas decidió volver a recoger a la pequeña. Pero al llegar al sitio donde la había dejado, la pequeña ya no se encontraba allí.

Desesperada, fue a contar sus penas a un viejo pastor que por allí apacentaba a su rebaño. El buen hombre le dijo que lo más conveniente sería subirse a la montaña más alta del lugar, porque quizás desde allí podría ver a sus hermanas. Subió hasta aquel lugar, pero tampoco encontró a sus hermanas. Entonces pidió con gran devoción a Dios que se las hiciese visibles, aunque fuese nada más por un momento. El Señor la escuchó y entonces vio a la más pequeña, en un lugar llamado Valdescallos, que se estaba peinando tranquilamente. La pobrecita se había ocultado de sus hermanas retirándose a aquel apacible lugar, pensando que se habían ido por no esperarla, ya que al estar coja no podía caminar con ellas.

La hermana mayor miró otra vez y se encontró a la segunda, estaba subida en una encina y también buscaba a sus hermanas. La tercera estaba algo más lejos, subida en lo alto de una peña desde donde se dominaba el valle. La cuarta había ido a parar al norte, al pie de un río de poco caudal, el Valdeprado, afluente del Sil. La quinta estaba en un lugar llamado Fombasallá, y la sexta al pie del antiguo Bérgidu, junto al río Cúa. Todas ellas vieron a la hermana mayor, pero entre ellas no se veían.
La Guiadora las llamó, pero ellas respondieron que era mejor descansar un tiempo en un lugar tan apacible y que querían quedarse allí hasta que Dios quisiera dar testimonio de fe a los hombres del lugar. Dios les concedió su deseo y las dejó en el lugar donde estaban, para quien las encontrara les hiciera una ermita y un altar.

La Virgen de la Peña fue encontrada en una peña muy alta por unos pastores. Estos, muy contentos, bajaron la imagen al pueblo más cercano (Congosto), donde fue muy bien acogida por todos, colocándola en un altar para ella sola en la Iglesia del pueblo; pero cuando a la mañana siguiente fueron a verla, ya no estaba, y poco después la volvieron a encontrar en el mismo lugar del hallazgo. Comprendieron que la Virgen prefería aquella peña a la Iglesia del pueblo y le hicieron allí una ermita.

Junto al arroyo de Valdeprado hallaron unos vaqueiros a la Virgen de las Nieves . Encontraron una imagen, pero no sabían a qué Virgen correspondía y cuando estaban pensando como llamarla, el campo, a pesar de ser agosto, se cubrió de nieve. En aquel lugar hicieron una ermita en su honor.

La Virgen de las Angustias fue hallada entre unos salgueros en Cacabelos, donde se le profesa una gran devoción. A la Virgen de los Escallos la encontraron junto a la fuente del mismo nombre y allí le hicieron una ermita; pero siempre, antes de terminarla se caía. Los aldeanos pensaron que esto ocurría porque se veía desde La Guiana, y la Virgen no quería ser vista por ninguna de sus hermanas, y por eso el pueblo le dedicó una ermita más oculta. Se dice que esta virgen es humilde y no gusta de romerías.

La Virgen de la Guiana, la guiadora, fue encontrada por unos pastores en lo alto de la montaña que lleva su nombre, los pastores la bajaron para San Pedro de Montes y allí hicieron una ermita, que como ocurría con la de la Virgen de la Peña se caía nada mas construirla. Así que el abad del monasterio comprendió que la virgen quería que se le dedicase una ermita en el lugar del hallazgo. La Virgen de la Encina, fue hallada por los caballeros del Temple cuando cortaban leña en un encinar. Le hicieron una ermita, pero al poco tiempo fue tanta la afluencia de devotos, que la ermita hubo de ser agrandada y convertida en santuario.

Todas las imágenes son del Valle del Silencio, que bonito es verdad?:)




sábado, 29 de abril de 2017

La Rosa mas bella del Mundo ( Leyenda )


Había una reina muy poderosa, en cuyo jardín lucían las flores mas hermosas de cada estación del año. Ella prefería las rosas por encima de todas, por eso las tenia de todas las variedades, desde el escaramujo de hojas verdes y olor a manzana hasta la mas magnifica rosa de Provenza. Crecían pegadas al muro del palacio, se enroscaban en las columnas y los marcos de las ventanas penetrando en las galerías, se extendían por los techos de los salones, con gran variedad de colores, formas y perfumes.

Pero en el palacio moraban la tristeza y la aflicción, la Reina yacía enferma en su lecho y los médicos decían que iba a morir.

- Hay un medio de salvarla, sin embargo - afirmo el mas sabio de ellos -, traiganle la rosa mas esplendida del mundo, la que sea expresión del amor mas puro y mas sublime. Si puede verla antes de que sus ojos se cierren, no morirá.

Y ya tienen a viejos y jóvenes acudiendo de cerca y de lejos, con rosas, las mas bellas que crecían en todos los jardines, pero ninguna era la requerida. La flor milagrosa tenia que proceder del jardín del amor, pero incluso en el, ¿que rosa era expresión del amor mas puro y sublime?.

Los poetas cantaron las rosas mas hermosas del mundo, y cada unos celebraba la suya, el mensaje corrió por todo el país, a cada corazón en que el amor palpitaba, corrió el mensaje y llego a gentes de todas las edades y clases sociales.

- Nadie ha mencionado aun la flor - afirmaba el sabio -, nadie ha designado el lugar donde florece en toda su magnitud. No son las rosas de la tumba de Romeo y Julieta o de la Walburg, a pesar de que su aroma se exhalara siempre en leyendas y canciones, ni son las rosas que brotaron de las

lanzas ensangrentadas de Winkelried, de la sangre sagrada que mana del pecho del héroe que muere por la patria, aunque no hay muerte mas dulce ni rosa mas roja que aquella sangre. Ni es tampoco aquella flor maravillosa para cuidar la cual el hombre sacrifica su vida velando de día y de noche en la sencilla habitación, la rosa mágica de la Ciencia.

- Yo se donde florece - dijo una madre feliz, que se presento con su hijito a la cabecera de la Reina -, se donde se encuentra la rosa mas preciosa del mundo, la que es expresión del amor mas puro y sublime, florece en las rojas mejillas de mi dulce hijito cuando restaurado por el sueño, abre los ojos y me sonríe con todo su amor.

Bella es esa rosa - contesto el sabio -, pero hay otra mas bella todavía.

-¡ Si, otra mucho mas bella! - dijo una de las mujeres -, la he visto, no existe ninguna que sea mas noble y mas santa. Pero era pálida como los pétalos de la rosa de te, en las mejillas de la Reina la vi, la Reina se había quitado la real corona, y en las largas y dolorosas noches sostenía a su hijo enfermo, llorando, besándolo y rogando a Dios por el, como solo una madre ruega a la hora de la angustia.

- Santa y maravillosa es la rosa blanca de la tristeza en su poder, pero tampoco es la requerida.

- No, la rosa mas incomparable la vi ante el altar del Señor - afirmo el anciano y piadoso obispo -, la vi brillar como si reflejara el rostro de un ángel, las doncellas se acercaban a la sagrada mesa, renovaban el pacto de alianza de su bautismo, y en sus rostros lozanos se encendían unas rosas y palidecían otras, había entre ellas una muchachita que henchida de amor y pureza, elevaba su alma a Dios, era la expresión del amor mas puro y mas sublime.

-¡ Bendita sea !, - exclamo el sabio -, mas ninguno ha nombrado aun la rosa mas bella del mundo.

En esto entro en la habitación un niño, el hijito de la Reina, había lagrimas en sus ojos y en sus mejillas, traía un gran libro abierto, encuadernado en terciopelo con grandes broches de plata.

-¡ Madre ! - dijo el niño -, ¡ Oye lo que acabo de leer !, y sentándose junto a la cama se puso a leer acerca de Aquel que se había sacrificado en la cruz para salvar a los hombres y a las generaciones que no habían nacido.

- ¡Amor mas sublime no existe !

Se encendió un brillo rosado en las mejillas de la Reina, sus ojos se agrandaron y resplandecieron, pues vio que de las hojas de aquel libro salia la rosa mas esplendida del mundo, la imagen de la rosa que de la sangre de Cristo broto del árbol de la Cruz.

-¡ Ya la veo ! -exclamo-, jamas morirá quien contemple esta rosa, la mas bella del mundo.


Autor: Hans Christian Andersen.




sábado, 22 de abril de 2017

El Cerezo ( Leyenda )


Buda se encontraba en su palacio azul, más allá de las nubes. Sintió el deseo de descender sobre la tierra para ver a los hombres de cerca y leer en su alma, Se deslizo sobre el reluciente hilo de un rayo de sol y llego a una casita que se levantaba en medio del campo. Buda no tenia cuerpo, era solo una sombra luminosa. Por eso Chi-Pan, el dueño de la casita, que meditaba sentado al pie de un árbol, no lo vio.
Chi-Pan era un hombre codicioso, cruel, sin conciencia. Y en aquel momento pensaba: "Conviene realmente que Pao-Chiú, mi primo, muera. No tiene mujer, ni hijos, ni hermanos. Yo soy su pariente más próximo, su campo pasara a  ser mío, es vecino al mío y podre llenar la zanja divisoria con poco trabajo".

Buda leía como en un libro abierto en el alma del malvado y sentía un gran disgusto, una profunda tristeza. La sombra luminosa que era su cuerpo se iba cambiando con tonos oscuros. "Hoy mismo, pensaba Chi-Pan, mi primo debe morir, sí, tengo una idea buena. Quiero ponerla en práctica en seguida. Es esta: Pao-Chiú va al mercado a vender verdura, es un bobo, caerá fácilmente en la trampa”.
Llamo al pariente:
-Pao-Chiú, un poco sorprendido, avanzo hacia él. Era un hombre de rostro franco y apacible. Buda puso en su alma pensamientos honrados, leales y generosos.

-¿Me necesitas? –pregunto amablemente Pao-Chiú.
Chin-Pan le rogó que se sentara a su lado.
-Realmente no me explico como tú y yo siendo vecinos, no encontramos nunca tiempo para conversar amigablemente. A Pao-Chiú las palabras del pariente le parecieron muy simpáticas.
-Creía que tú me tenías por tonto y aburrido. Nunca me hubiese atrevido a visitarte.
-Al contrario, te aprecio muchísimo. Y quiero que vivas eternamente, como viviré yo.


-¿Vivir eternamente? No es posible.
-Hablas como un pobre ignorante. ¿No sabes que en el mundo existen ciertos cerezos cuya fruta, que debe comerse en el mismo árbol, hace inmortales a los hombres? Yo poseo uno de esos árboles milagrosos. Tiene mil años, dos mil años, que se yo.  Míralo allá abajo, el más alto. Tú treparas hasta la cima, cogerás y comerás muchas cerezas y la virtud de la vida eterna entrara en ti, resplandecerá en tu sangre.
Chi-Pan se levanto y empujo al primo hacia el cerezo.
-Sube, Buda te asiste, está contigo.

-Alabado sea Buda, exclamo muy emocionado Pao-Chiú.
Luego comenzó a encaramarse al árbol, ya no era joven, pero en aquel momento sentíase milagrosamente ágil, llego sin esfuerzo a las ramas más altas.
-Come cerezas –invitaba el primo, mirándolo cínicamente-, muchas cerezas.
Pao-Chiú arrancaba de las ramas las relucientes cerezas, se metía en la boca las encarnadas bolitas, dulces como el azúcar.

-¿Ves? –le grito Chi-Pan desde abajo, ahora has conquistado la inmortalidad, ya nadie te puede hacer ningún daño, déjate caer, lánzate tranquilamente al vacío.
El buen hombre no sospechaba el engaño, abrió los brazos y se lanzo al espacio. Pero Buda, que había leído en su alma inocente y honrada lo amparo con sus manos invisibles, lo dejo sano y contento en el suelo.
-¡Soy feliz, primo mío! – exclamo
Chi-Pan, que había esperado verlo muerto a sus pies, sufrió una fuerte decepción, luego pensó que tal vez el cerezo era efectivamente el árbol de la inmortalidad. Se encamino a su vez, comió muchas cerezas y luego se lanzo también el al vacío. Pero Buda esa vez queriendo castigar su perfidia, no lo amparo, cayo como bólido y se rompió la cabeza contra la piedra del pozo.
Pao-Chiú heredo el campo y la casa de su primo Chi-Pan. Vivió luego años trabajando y socorriendo a los mas necesitados.



Autor desconocido.



sábado, 15 de abril de 2017

Leyenda de la primavera


Hubo una época muy lejana en que la tierra solo conocía una estación, el invierno. El frío era intenso, la nieve cubría llanos y montañas y las plantas no tenían colores, eran rugosas y opacas.
Cierta vez los hombres partieron en busca de alimentos, que tanto escaseaban, y las mujeres se quedaron cuidando el fuego.
El cielo estaba oscuro, presagiaba tormenta.Y así fue. Un trueno y luego, el viento y la nieve.

Los días pasaban y los hombres no regresaban. Los niños lloraban por sus padres y los abuelos por sus hijos. Las mujeres trataban de mantener la calma para no generar más malestar.Una madrugada, cuando casi todos habían perdido las esperanzas, aparecieron en el horizonte los hombres.
Extenuados, muertos de frío, ni podían contar las penurias que habían pasado en las cumbres. Pero había algo...algo que no podía dejar de contarse. No traían con ellos a Sumac, un adolescente valiente y noble, que se había perdido en las nieves.

La madre de Sumac, desesperada, corrió a la montaña mientras sus pies se enterraban en la nieve. Se escuchaba su voz llamando a su hijo, "¡Sumac, hijo! ¡Sumac!" Y así se perdió de la vista de todos.
Avanzó y avanzó hasta quedar rendida. Fue cuando entonces oyó la voz de Sumac. La desesperación agudizó su ingenio y pudo rescatar al muchacho casi helado. ¿Adonde lo llevaría?. El viento le habló, diciéndole, "Sube con tu hijo a la montaña más alta y toca el cielo".

La madre, con Sumac en brazos, ascendió de una montaña a otra, y en otra y en otra más, pero el cielo estaba siempre tan alto... El viento insistía: "Sube con tu hijo a la montaña más alta y toca el cielo". De pronto, un remolino la envolvió dejándola en la cumbre de un cerro altísimo. La mujer, cayendo de agotamiento, tocó las nubes que se abrieron como una gran cortina. Un trozo de cielo del más puro celeste se fue agrandando.

De él brotaron los rayos de un sol radiante, y deslizándose por ellos salieron pájaros que poblaron la tierra de trinos y aleteos, mariposas multicolores llegaron hasta las plantas en busca de flores que acababan de nacer...El viento se transformó en suave y tibia brisa, se deshizo la nieve y el agua cristalina corrió en cascadas juguetonas.

Sumac volvía a la vida mientras su madre alzaba los brazos al cielo agradeciendo a Inti, el Dios de sus antepasados, el milagro de la primavera que nacía. Cuentan que desde entonces después del invierno llega la primavera como madre amorosa, para poner su nota de calor, belleza y colores en los campos helados de la tierra.



Autor: Desconocido.